Y entonces era la espera, el destino, la gracia. No soñábamos con nada mas hermoso pero llegado el momento llorábamos como sapos feos. Debía caminar y cruzar la plaza que separaba mi destino pero era tan infinita que al segundo me olvidaba a donde iba; pero las ganas eran grandes y el deseo insaciable. En cambio me quedaba en un banco para desvariar sobre cosas en las cuales no se puede. Todo eso era SM y mi viaje de regreso.
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