viernes, 5 de noviembre de 2010



















Si sabrán que me jode el viento...
que el viento de provincia ya no tanto, que ese me gusta a las 5 de la mañana con narices frías.
Si sabrán que la garua moja mas que nada, que es mas linda cuando te tiras en la plaza.
Querrán saber también lo bien que se siente pisar las hojas secas del otoño..
que el sol que entra por la ventana mientras se toma mate es una de las mejores caricias.

sábado, 2 de octubre de 2010

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Ayy, ayyy ayyyyyyyy!!!

jueves, 24 de junio de 2010

Love is in the air

"...Amor mio, no te quiero por vos ni por mi ni por los dos juntos ,no te quiero por que la sangre me llame a quererte, te quiero por que no sos mia, por que estas del otro lado, ahi donde me invitas a saltar y no puedo dar el salto, por que en lo mas profundo de la posesión no estas en mi,no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (como te gusta usar el verbo amar, con que cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sabanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente por que un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaros, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curaras antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero..."


Pero el amor, esa palabra...
como noche de luna llena o mañana de sol radiante.

jueves, 6 de mayo de 2010

El Amor (primera parte)

Una buena película para un fin de semana de frío y mates en la cama.

País: Argentina
Año: 2004
Guión y dirección: Alejandro Fadel, Martín Mauregui, Santiago Mitre y Juan Schnitman
Producción: Mariano Linás
Actores: Leonora Balcarce, Luciano Cáceres

Sinopsis:
La historia de una joven pareja, desde su inicio hasta su conclusión, desde las euforias del enamoramiento hasta los desdibujados y oscuros días finales, observada con ojo analítico y afán investigador. ¿Cómo y por qué dos personas se enamoran? ¿Cuándo comienzan a ser una pareja? ¿Qué imprevisibles mecanismos ponen en marcha la convivencia? ¿En qué momento secreto las cosas, imperceptibles, comienzan a marcar el final? ¿Cuándo termina una relación o cuándo debería terminar?...

La película se nutre de fotos fijas, frases sueltas, voces en off, infografías y explicaciones científicas que dan color y quitan dramatismo a la trama.





lunes, 26 de abril de 2010

LOS NADIES - Eduardo Galeano

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones, sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

domingo, 18 de abril de 2010

Cuento del domingo: CAIDAS, Osvaldo Soriano

Mi padre tuvo tantas caídas que al final no recor­daba la primera. Lo vi despeñarse con una motoneta camino de Plaza Huincul y años más tarde se dio vuelta con el Gordini, cerca de Cañuelas. Mi madre me contó que una vez, cuando yo era muy chico, se cayó sin mayores daños de un poste de teléfonos y como era bastante distraído solía tropezarse con los juguetes que yo dejaba tirados en el suelo. Una tarde de diciembre de 1960 alguien vino a avisarme que lo había atropellado un auto. Llegué sin aliento en una bicicleta prestada y lo encontré estirado en la calle. Estaba un poco despeinado, con los ojos abiertos y la cara muy blanca. Sobre el asfalto había un poco de sangre manchada por las huellas de unos zapatos. La gente se apartó para dejarme pasar y un tipo me dijo ya estaba por venir la ambulancia. Alguien que le había puesto un pulóver bajo la nuca me alcanzó los anteojos que se habían roto con la caída. Nadie hablaba y yo no sabía qué decir. Me arrodillé a su lado y le hablé al oído tratando de que la voz no me saliera muy asustada. Le pregunté si podía escucharme y alguna tontería más, pero no abrió la boca. Entonces fui pedir que me ayudaran a llevarlo al hospital pero me dijeron que no convenía moverlo porque debía estar muy estropeado. El paisano de sombrero negro que lo había atropellado estaba llorando dentro del coche y tampoco me hizo caso. Volví a sentarme en la vereda y le tomé una mano. Estaba fría y blanda como la panza de un pescado. No llevaba más que el anillo de casamiento y el Omega con la correa de cuero. Me pregunté qué haría allí, en la otra punta del pueblo, cruzando la calle como un chico atolondrado. En esos días había cumplido los cincuenta y recién ahora me doy cuenta de que corría contra el tiempo. No había hecho nada que le sirviera a él y la única vez que salió en los diarios fue después del acci­dente, entre un cuatrero detenido en General Roca y un incendio en la usina de Arroyito. Con los primeros calores de aquel verano había tomado la decisión de abandonar Obras Sanitarias y montar un taller de tornería. Mi madre se oponía porque no creía en su suerte. Entonces me llamó a su escritorio para que le dijera con toda sinceridad si yo le veía futuro en los negocios. De verdad, visto como lo vi entonces, con el chaleco de lana gastado y el pantalón lustroso, no me animé a apostar por él. Me convidó un cigarrillo, dejó que le explicara un complicado asunto de polleras y ya pasada la medianoche, en voz muy baja, me explicó que estaba cansado de esperar, de correr de un desierto a otro mientras se le iban los años y se le arrugaban los cueros. Dijo no estar arrepentido de nada pero se le leía la culpa en los ojos. ¿Culpa de qué? Nunca lo sabré. Aquella noche intentó darme otro de sus consejos, pero no servía para eso. Palabras más o menos, me dijo: "Por mejor que uno se explique y justifique, nada cambia. Siempre se cometen los mismos errores. Una caída dibuja la próxima y por eso creemos en un Dios, en alguien que haya aprendido a no quemarse dos veces con la misma leche". Cosas así eran las que solía recitarme a la medianoche mientras limpiaba compases y tiralíneas frente al tablero de dibujo. Le dije que no se calentara, que cualquiera hacía plata si eso era lo único que se proponía y que él estaba para otra cosa. Lo suyo era correr por ahí, andar a la deriva para no llegar a ninguna parte. A él y a mí nos daba lo mismo un lugar u otro siempre que tuviera una estación y algunas leguas por delante. Ese día salimos a caminar por los andurriales, yo estornudando por el polen y él tosiendo su tabaco. Me hablaba de lo que haría cuando tuviera un taller con seis tornos y no sé cuántas máquinas para fabricar herramien­tas. De a ratos lo situaba en Córdoba y después lo ponía en Mendoza para abastecer también a los chilenos. Sin darnos cuenta llegamos al río y de pronto se jactó de haber sido muy buen nadador en su juventud, allá en Campana. Señaló la isla bajo el puente y me desafió a ganarle a contracorriente. Cambié de conversación por­que el Limay es profundo y temí que se ahogara. Yo tenía menos de veinte años y me parecía imposible que mi padre pudiera ganarme en algo. Insistió y puse como excusa una contractura del fútbol o algo parecido. No me oyó o no quiso oírme y empezó a quitarse la ropa ahí mismo, abajo de la luna, hasta que sólo se quedó con unos ridículos calzoncillos celestes que le llegaban hasta las rodillas. Bravuconeaba, supongo. Tenía todo el pelo blanco pero ahora estaba de nuevo en el Delta junto a sus amigos y con toda la vida por delante. No sé qué pensé mientras lo miraba alejarse tirando brazadas. Creo que me daba pena verlo pelear contra su propia sombra. Me toreaba a mí pero la bronca, como el agua, venía de lejos y nos mojaba a los dos. En un momento lo perdí de vista hasta que al rato me gritó desde la isla. Yo no quería seguirle el juego. Tampoco estaba seguro de animarme a atravesar el río. Le contesté que se dejara de joder, que volviera, y me senté a esperarlo. Calculé que no iba a tardar porque no podía estar mucho tiempo sin fumar. Pero también esa vez me equivoqué. Me pidió que escondiera su ropa y que me fuera a casa porque tenía ganas de dar un paseo por la isla. A dos pasos había un muelle con botes pero ninguno de los dos quería ridiculizarse. Llamé al barque­ro y le di la poca plata que tenía para que le alcanzara el paquete de cigarrillos e intentara traerlo de vuelta. Pero no volvió. Se quedó pitando en silencio en la otra orilla hasta que me cansé de su juego y me fui a dormir. Creo que fue ese episodio el que lo alejó por un tiempo de mí y del taller de tornería. La tarde en que lo encontré tirado en la calle temí que se muriera con la impresión de que yo lo había abandonado. La ambulan­cia tardó siglos en llegar y lo llevó a un hospital donde me dijeron que tenía el cráneo roto. Mi madre se quedaba a su lado durante la mañana y a la tarde iba yo. Cuando pudo mover los labios me dijo que se había gastado el aguinaldo completo en la primera cuota del torno y no se animaba a decírselo a mi madre. Era otro de sus juguetes tardíos pero todavía no estaba seguro de poder disfrutarlo. "¿Me voy a morir?", me preguntó cuando se dio cuenta de que tenía una bolsa de hielo sobre la cabeza. Le dije que no, aunque no era seguro, y le pregunté dónde estaba su famoso torno. "Llega de Buenos Aires en el tren de la semana que viene; es una hermosura, no te imaginas", me contestó muy serio. Una enfermera había puesto las cosas que llevaba sobre la mesa de luz. El pañuelo, el encendedor, la billetera vacía, unas monedas y el folleto del torno que era italiano y parecía una nave espacial. "¿Te duele?", dije y me senté cerca de la ventana a mirar a las chicas que atravesaban el jardín. "Sí, desde hace mucho", mur­muró. "¿Qué me pasó ahora?" Le conté que lo había agarrado un auto y se había golpeado la cabeza contra el pavimento. Pareció sorprenderse, como si le dijera que se había caído de la calesita: "Y a tu madre, ¿qué le vamos a decir?". Se refería al aguinaldo y a todo lo que otra vez no podríamos comprar. Cerró los ojos y se durmió. O tal vez en su confusión de huesos rotos y sesos desbaratados pensaba en lo buena que hubiera sido su vida sin mi madre y sin mí. Me incliné para decirle al oído que no siempre se puede ganar, que a veces hay que saber quedarse de este lado de la orilla. Hizo una mueca de disgusto y entornó los párpados: "Eso es de cobardes; los ríos están para que uno los cruce". Como siempre, del infortunio sacaba alguna lección que lo disculpaba ante los demás. Después de hablar con el médico tuve miedo de que aquella fuera su última metáfora. A mi madre le dije que la plata del aguinaldo se la habían robado en la calle mientras estaba caído y que de todos modos para noso­tros no habría fiestas ese fin de año. Antes de Navidad lo trasladaron a casa, flaco y vendado como un faquir. Ocultaba el folleto del torno abajo de la almohada. No sé si mi madre se creyó el cuento del aguinaldo robado, pero en Nochebuena no tuvimos festejos ni palabras bonitas. Mi padre pasaba las horas inmóvil, con la mira­da puesta en el techo. Un día me hizo una seña para que me inclinara a escucharlo: "Véndelo", susurró, "cuando llegue véndelo por lo que te den". Me partió que contenía un lagrimón y le dije que no, que ahora estaba en medio de la corriente y tenía que nadar. Después de todo, eso era lo que había querido enseñarme. Hizo un gesto de alivio, me pasó un brazo alrededor del cuello, y dijo: "Está bien, pero no te olvides de mandarme un bote con los cigarrillos".

domingo, 11 de abril de 2010

Cuento del domingo: APAGÓN (Leo Masliah)


La oscuridad no me preocupa. Me preocupa la luz. La oscuridad es solamente ausencia de luz. Pero la ausencia sí me preocupa. La preocupación no. Me es indiferente. Sin embargo, la indiferencia me preocupa muchísimo. La considera una actitud vergonzosa. Aunque la vergüenza no me preocupa. Antes si, me preocupaba. Pero a mi me da lo mismo el antes y el después; mi vida no es un desarrollo tendiente a nada. Por eso la nada no me quita el sueño. El sueño, en cambio, es algo que si me interesa. A veces me quedo toda la noche despierto, pensando en eso. No llego a ninguna conclusión, pero las conclusiones me exasperan. Prefiero los puntos de partida. No por las partidas; por los puntos. Siempre trato de acumular puntos. No por los puntos en sí; es por la acumulación. La acumulación entendida por una cosa sola, no como un cúmulo de otras. Los cúmulos, yo, si pudiera, los disgregaría. Las cosas tienen que ir separadas; no juntas. Juntas forman otras cosas, y eso trae complicaciones. Aunque yo a las complicaciones no les tengo miedo. Lo que me asusta es lo simple. Lo simple no se sabe de donde sale; ahí es donde está el misterio. Aunque los misterios, por suerte, no me interesan. Me interesa la suerte. Que desgracia. Porque la suerte siempre es escasa. Y si dijera que no me preocupa la escasez, mentiría. Pero mentir no me preocupa. A mi me preocupa la verdad. Cuando miento no tengo problema; puedo decir cualquier cosa. Aunque sea verdad, no importa, porque la digo de mentira. Pero cuando hablo con la verdad, tengo que andar con más cuidado. Por las dudas, en esos casos digo lo menos posible. Y después me desdigo, así cubro dos posibilidades. Pero no es que me quiera cubrir. Yo hago todo a la intemperie. Y si no hay luna, mejor. A mi me gusta la oscuridad. La oscuridad no me preocupa. Me preocupa la luz. La oscuridad es solamente ausencia de luz. Pero la ausencia sí me preocupa. La preocupación no. Me es indiferente.

lunes, 22 de marzo de 2010

LA BOHEME - CHARLES AZNAVOUR

Je vous parle d'un temps--->Les hablo de un tiempo
que les moins de vingt ans--->que los de menos de veinte años
ne peuvent pas connaître--->no pueden conocer,
Montmartre en ce temps-là--->Montmartre por aquel tiempo
accrochait ses lilas--->colgaba sus lilas
jusque sous nos fenêtres--->bajo nuestras ventanas
et si l'humble garni--->y era una humilde protección
qui nous servait de nid--->que nos servía de nido,
ne payait pas de mine--->que no se pagaba con nada,
c'est là qu'on s'est connu--->es allí dónde la conocí,
moi qui criait famine--->yo me quejaba de hambre
et toi qui posais nue.--->y tú posabas desnuda.

La bohème, la bohème--->La bohemia, la bohemia,
ça voulait dire : on est heureux--->esto quería decir: somos felices,
la bohème, la bohème--->la bohemia, la bohemia
nous ne mangions qu'un jour sur deux.--->comíamos sólo cada dos días.

Dans les cafés voisins--->En los cafés vecinos
nous étions quelques-uns--->éramos algunos
qui attendions la gloire--->los que esperábamos la gloria
et bien que miséreux--->y aunque desvalidos
avec le ventre creux--->con el vientre hueco
nous ne cessions d'y croire--->no dejábamos de creer en eso,
et quand quelque bistro--->y cuando en algún bar
contre un bon repas chaud--->por una buena comida caliente
nous prenait une toile--->nos compraban un lienzo,
nous récitions des vers--->recitábamos versos
groupés autour du poêle--->agrupados alrededor de la estufa
en oubliant l'hiver.--->olvidando el invierno.

La bohème, la bohème--->La bohemia, la bohemia,
ça voulait dire : tu es jolie--->esto quería decir: eres hermosa
la bohème, la bohème--->la bohemia, la bohemia,
et nous avions tous du génie.--->y nosotros eramos todos genios.

Souvent il m'arrivait--->A menudo pasaba
devant mon chevalet--->delante de mi caballete,
de passer des nuits blanches--->pasaba noches en blanco
retouchant le dessin--->retocando el dibujo,
de la ligne d'un sein--->la línea de un pecho,
du galbe d'une hanche--->la curva de una cadera
et ce n'est qu'au matin--->y sólo por la mañana
qu'on s'asseyait enfin--->nos sentábamos por fin
devant un café-crème--->delante de un café con crema
épuisés mais ravis--->agotados pero encantados,
fallait-il que l'on s'aime--->hacía falta querer
et qu'on aime la vie.--->y amar la vida.

La bohème, la bohème,--->La bohemia, la bohemia,
ça voulait dire : on a vingt ans--->esto quería decir: tenemos veinte años
la bohème, la bohème,--->la bohemia, la bohemia,
et nous vivions de l'air du temps.--->y vivíamos del aire del tiempo.

Quand au hasard des jours--->Cuando al azar algún día
je m'en vais faire un tour--->me voy a dar un paseo
à mon ancienne adresse--->a mi antigua dirección
je ne reconnais plus--->no reconozco nada,
ni les murs, ni les rues--->ni las paredes ni las calles
qui ont vu ma jeunesse--->que vieron mi juventud,
en haut d'un escalier--->en lo alto de una escalera
je cherche l'atelier--->busco el taller(estudio)
dont plus rien ne subsiste--->del que nada más subsiste
dans son nouveau décor--->en su nuevo decorado
Montmartre semble triste--->Montmartre parece triste
et les lilas sont morts.--->y las lilas están muertas.

La bohème, la bohème,--->La bohemia, la bohemia,
on était jeunes, on était fous--->éramos jóvenes, éramos locos.
la bohème, la bohème,--->la bohemia, la bohemia
ça ne veut plus rien dire du tout.--->esto no quiere decir nada más.

miércoles, 17 de marzo de 2010

martes, 9 de marzo de 2010


Más peligrosa que un mono con cuchillo. Adolescente temperamental, imprevisible; ahora lo exasperaba…



sábado, 6 de marzo de 2010

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APLASTAMIENTO DE LAS GOTAS
Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.

Julio Cortázar

viernes, 29 de enero de 2010

"Je suis comme je suis"

Je suis faite comme ça
Quand j’ai envie de rire
Oui je ris aux éclats
J’aime celui qui m’aime..
Je suis comme je suis
Je suis faite comme ça
Que voulez-vous de plus
Que voulez-vous de moi..

Qu’est-ce que ça peut vous faire
Je suis comme je suis
Je plais à qui je plais
Qu’est-ce que ça peut vous faire

Oui j’ai aimé quelqu’un
Oui quelqu’un m’a aimé
Comme les enfants qui s’aiment
Simplement savent aimer
Aimer aimer...
Pourquoi me questionner
Je suis là pour vous plaire
Et n’y puis rien changer.”